Y además es un patrimonio vivo. El Ecomuseo no ha creado artificialmente una identidad minera: ha permitido conservar, interpretar y transmitir una identidad que ya pertenecía a la gente del valle. Ha conseguido que las nuevas generaciones y miles de visitantes puedan comprender qué significó la minería, no solamente desde el punto de vista industrial, sino humano y social.
Pero Samuño tampoco vive únicamente mirando al pasado. El valle está recuperando sus bosques, sus caminos y su paisaje; está desarrollando senderos, miradores, actividades culturales y deportivas y nuevos proyectos turísticos. Es decir, está construyendo futuro precisamente a partir de aquello que parecía pertenecer al pasado.
Y todo esto se ha hecho manteniendo una comunidad muy activa. Asociaciones vecinales, culturales y deportivas, colectivos, empresas, instituciones y vecinos continúan organizando fiestas, actividades culturales, deporte, encuentros y proyectos de recuperación del patrimonio. La candidatura cuenta precisamente con una amplísima adhesión de ese tejido social, cultural, empresarial e institucional.
Por eso creo que la palabra ejemplar encaja especialmente bien. Samuño no es ejemplar porque no haya sufrido la crisis de la minería. La sufrió, y mucho. Es ejemplar porque ha sabido reaccionar ante ella, conservar su identidad y transformar un legado industrial y humano en patrimonio, cultura, educación, paisaje y nuevas oportunidades.
Y hay además una cuestión que para nosotros tiene un importante valor simbólico. Las cuencas mineras han aportado muchísimo a la historia económica, social y cultural de Asturias. Generaciones enteras contribuyeron desde estos valles al desarrollo de nuestra región. Sería enormemente significativo que un valle profundamente minero como Samuño fuese reconocido como Pueblo Ejemplar de Asturias.
Sería un reconocimiento al Valle de Samuño, naturalmente, pero también tendría algo de homenaje colectivo a los pueblos mineros, a sus trabajadores, a sus familias y a una cultura minera que forma parte inseparable de la identidad de Asturias.
En definitiva, Samuño ha conseguido algo que me parece profundamente ejemplar: preservar la memoria sin quedarse anclado en ella. Ha sabido convertir el orgullo por sus raíces en una herramienta para construir futuro.
Por eso decimos que Samuño tiene corazón verde y alma minera. Y quizá añadiría una tercera idea: tiene también futuro compartido.