03 SEPTIEMBRE 2026

Javier A. Menéndez, bioquímico langreano: “Según algunos cálculos matemáticos podríamos llegar a vivir hasta 190 años”

"Hay muchos bulos sobre el envejecimiento que debemos combatir con rigor científico", asegura

LA NUEVA ESPAÑA


Javier Menéndez, director en Girona del grupo “Metabolismo y Cáncer”, del Programa contra la Resistencia del Cáncer (ProCURE) del Instituto Catalán de Oncología (ICO), pasa unos días en su Langreo natal, en Ciaño. El bioquímico e investigador, discípulo de Carlos López Otín, se ha especializado en estudiar los mecanismos moleculares del envejecimiento y su relación con enfermedades como el cáncer. Este miércoles pronunció en la Casa de Cultura "Escuelas Dorado" de Sama la conferencia “Del mito de la eterna juventud a la medicina del envejecimiento”. Lo hizo dentro de los actos del decimoctavo encuentro anual de “Langreanos en el mundo”, organización que le concedió su premio anual el año pasado. En 2005, Menéndez fue nombrado “Asturiano del Mes” de LA NUEVA ESPAÑA y recibió la insignia de oro del Ayuntamiento de Langreo.

-Usted es investigador del cáncer y ahora se ha centrado en el envejecimiento.

-Sí. Mi grupo investiga sobre el metabolismo del cáncer pero en los últimos años hemos girado hacia el envejecimiento. En las dos últimas décadas hemos vivido una revolución en la investigación biomédica y en el conocimiento de los mecanismos moleculares que están detrás del envejecimiento. Nuestro grupo, en los últimos años, ha dirigido una gran parte de su investigación hacia aquellos mecanismos del envejecimiento que generan enfermedades crónicas, como el cáncer o el alzhéimer. A medida que este conocimiento se hace cada vez más amplio y avanza a una velocidad supersónica, aparecen nuevas terapias antienvejecimiento. Pero hay mucho “hype”, demasiada exageración.

-¿Podemos paliar el envejecimiento?

-Hay mecanismos que conocemos muy bien y que podríamos modular farmacológicamente. Sería muy interesante utilizar ese conocimiento para alargar la vida saludable. Pero estamos muy lejos de que eso sea una realidad. El interés biomédico está precisamente ahí. Hemos pasado de tratar cada enfermedad por separado, con un fármaco para cada una, a intentar encontrar mecanismos comunes que nos permitan tratar varias enfermedades con un solo fármaco. Muchas enfermedades que pensábamos que estaban desconectadas pueden compartir mecanismos comunes. Es uno de los campos más excitantes de la investigación.

-¿Hasta qué edad podríamos vivir?

-Hay dos grandes corrientes. Una sostiene que existe un límite de edad biológica, en torno a los 115 o 120 años. Otros plantean que, si somos capaces de modular estos mecanismos, nuestra edad biológica sería plástica.

-¿Hasta?

-Hace dos semanas se hicieron cálculos matemáticos según los cuales, dependiendo de cuánto seamos capaces de modular esos mecanismos, podríamos llegar a los 180 o 190 años.

-No sé si me interesa.

-Ahí está la clave, lo que nos interesa a la mayoría no es entender si podemos llegar a los 180 o 190 años. Lo que nos interesa es entender esos mecanismos para alargar la vida saludable.

-Vivir más pero también vivir mejor.

-Exactamente. En el periodo final de nuestra vida convivimos con muchas enfermedades. Lo que nos interesa es que ese periodo de 10 o 20 años sea mucho más corto y se concentre en dos o tres años, que las enfermedades aparezcan justo al final de la vida. Eso nos interesa desde el punto de vista social y económico. El sistema de salud ya se está estresando. Estamos muy alejados de intereses banales como simplemente alargar la vida. Hay una expresión muy sencilla de entender que utilizan los americanos: «morir en la pista». Estar jugando al tenis con tus nietos y al día siguiente morir en la cama. Estamos viendo un bombo inmenso en torno al interés por alargar la vida cronológica sin importar que vaya asociado a enfermedades crónicas. El objetivo tiene que ser alargar la vida saludable.

-¿Pero, estamos programados o capacitados para vivir hasta los 180 o 190 años?

-Estamos intentando comprender hasta dónde podemos llegar. Nuestro envejecimiento puede estar determinado, pero también puede ser plástico. Ese es uno de los grandes debates que tenemos ahora mismo. Lo estamos haciendo bien. En los últimos 100 años hemos pasado de una esperanza de vida de unos 30 años a una cercana a los 80. Ahora tenemos que intentar que esa vida sea saludable.

-En su conferencia habló del mito de la eterna juventud. Hay hasta documentales.

-Hay demasiados bulos. Tenemos que intentar combinar el rigor científico con la capacidad de comunicar. Hay que desmontar bulos y mitologías, y también la idea de que estamos ante el fin del envejecimiento. Estamos viviendo un momento histórico. Estamos empezando a desmontar el envejecimiento a nivel molecular y, en un futuro, podremos utilizar esos conocimientos en nuestro beneficio para aumentar la vida saludable. Pero, si lo alcanzamos, tiene que ser para todos. Estamos haciendo una especie de «Instagram del envejecimiento». Se habla constantemente de individuos con una determinada edad biológica y una edad cronológica. Pero esos indicadores no están validados. Hay que tener mucho cuidado con convertir determinadas estimaciones en verdades científicas. Hay muchísimo interés de personas con mucho dinero y de compañías dedicadas al antienvejecimiento. Es uno de los sectores más potentes en Estados Unidos. Tenemos que ser rigurosos porque estamos equivocando churras con merinas.

-La medicina y la farmacología han dado pasos de gigante con los tratamientos personalizados.

-Uno de los campos más excitantes es la medicina de la prevención personalizada. Vamos a ver llegar la capacidad de predecir qué enfermedades puedes tener y prevenirlas. Ese es uno de los grandes objetivos: ser capaces de identificar qué enfermedades puede desarrollar una persona y actuar antes de que aparezcan.

-¿Y qué papel tendrá la inteligencia artificial?

-Siempre soy positivo con los avances. La inteligencia artificial es un avance más. Da mucho miedo y genera expectativas negativas, pero hace 30 o 40 años, cuando apareció Google, también estábamos ante una tecnología que suponía un cambio radical. A la inteligencia artificial tenemos que sacarle el máximo provecho, aunque tenemos que regularla.

-¿Para qué se podría aplicar en su trabajo?

-En los últimos años hemos acumulado toneladas de datos que no han sido analizados. Ahora podemos ser capaces, en cuestión de minutos, de analizarlos a nivel científico. Eso supone un cambio radical en el conocimiento de las enfermedades. También tenemos capacidad para diseñar fármacos o proteínas inteligentes desde cero. Es un campo que se está abriendo y ya se ven resultados a nivel de laboratorio. Podemos llegar a tener fármacos «a la carta».

-¿Usted ha trabajado en Estados Unidos y en España, la diferencia sigue siendo abismal?

-Estamos en un cambio de ciclo. España tiene un grandísimo nivel de investigación y unos niveles ínfimos de apoyo. Es difícil encontrar otro país con mejores resultados y tan pocos recursos. Olvidamos que investigar lleva asociado un impacto en la salud del futuro. En Estados Unidos, el impacto de los recortes en investigación biomédica que se están produciendo habrá que verlo a largo plazo. De todos modos, China nos va a superar a todos. No escucha ni a Estados Unidos ni a nosotros. Ya es la primera potencia mundial en investigación biomédica. Solo hay que ver el número de artículos publicados y su capacidad.

-Para terminar, volvamos a Langreo. ¿Qué significan para usted dar una conferencia en las Escuelas Dorado?

-Las Escuelas Dorado fueron donde aprendí a culturizarme, donde adquirí la cultura de la lectura. Donde más libros he leído es allí. Mi afición por enterarme de todo nació en las Escuelas Dorado. Volver ahora a dar una charla sobre mi vida profesional es un momento muy bonito.